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DE LA GENERAL MOTORS AL MOLINO HARINERO DE
LA HOZ DE LA VIEJA.
Una pareja Zaragozana deja su casa y su trabajo, en la GM y en
una gestoria, para poner en marcha un establecimiento hostelero
en una antigua fabrica de harina.
Teruel. Emilio Abós y Hortensia Bravo, ambos de 40 años, nacidos
y residentes en Zaragoza, decidieron un buen dia que querían dar
un giro de 180 grados a sus vidas, marcadas por el estrés de la
vida urbana, los problemas laborales y otras circunstancias
personales adversas. A través de Internet, conocieron de la
existencia de un antiguo molino harinero en la Hoz de la Vieja
en desuso reconvertido para usos turísticos, el Molino Alto. Lo
visitaron el 20 de noviembre de 2004, les gustó y al día
siguiente apalabraron su adquisición.
Se embarcaron así en el proyecto mas ambicioso de sus vidas, y
también el mas arriesgado. Acaban de establecerse en la antigua
fábrica de harina y están en plena vorágine de reformas para
adaptarlas a las necesidades de la clientela potencial.
Invertirán todos sus ahorros en el proyecto. Lo que tienen claro
es que no hay vuelta atrás. Su futuro esta en la Hoz.
Hortensia Bravo estaba cansada de su trabajo como graduada
social en Zaragoza y su marido, operario de la General Motors,
"lo tenia todavía peor". La empresa automovilística atravesaba
dificultades y Emilio había tenido alguno problema de salud
vinculado a su trabajo. " Nos decidimos a comprar el Molino Alto
rápidamente, pero no con precipitación -dice la mujer-. Habíamos
hablado muchas veces, y sopesado los inconvenientes que
podríamos encontrarnos. Al final, nos liamos la manta a la
cabeza y afrontamos el desafío". No conocían la zona hasta que
en marzo de 2005 empezaron a venir asiduamente todos los fines
de semana para acometer que requiere el edificio, de tres siglos
de antigüedad pero sometido a sucesivas reformas. "Aunque la
estructura esta muy bien, queremos hacer cambios en el interior,
sobre todo en la decoración, y mejorar los servicios, con la
instalación de un sistema de calefacción y una nueva cocina,
entre otras mejoras", dice Hortensia. El lugar tiene "mucha
posibilidades" añade. El edificio esta rodeado de un autentico
vergel, con huerto, corral y una frondosa vegetación, a unos
cientos de metros del casco urbano y cerca de un arroyo.
Los primeros meses de actividad han estado marcados por el
papeleo para recuperar la licencia de actividad como vivienda de
turismo rural que ya tenia el anterior propietario, empadronarse
y cambiar de medico de cabecera, entre otras muchas gestiones.
Comprar el molino y acondicionarlo supondrá una inversión de
210.000 euros, muy elevada para las posibilidades de la pareja,
que ha recabado ayudas del programa Proder de las Cuencas
Mineras. Los dos emprendedores reconocen que le proyecto es un
"reto" para ellos. Su objetivo es vivir de la actividad
hostelera. El Molino Alto ya funciono como alojamiento y
restaurante durante unos años, hasta que sus anteriores
propietarios cerraron y lo pusieron en venta.
La oferta del Molino Alto quiere centrarse en un entorno
agradable y en la tranquilidad. "Cada día son mas los turistas
procedentes de medios urbanos que buscan naturaleza y relajarse.
Queremos ofrecer también excursiones ciclistas pero no se trata
de saturar al cliente con un programa de actividades", dice
Hortensia. El incipiente despertar turístico de la comarca de
las Cuencas Mineras con atractivos como el parque geológico de
Aliaga, el Río Martín y, sobre todo, el Museo Minero de Escucha
ha sido un estimulo mas.
Emilio y Hortensia tendrán que someterse a un proceso acelerado
y drástico de aprendizaje para atender su negocio, que esperan
abrir antes de finalizar 2005. Aprenden cocina, el cultivo del
huerto y el cuidado del corral, de donde esperan obtener buena
parte de los alimentos que ellos mismos prepararan. "Ofreceremos
cocina basada en productos naturales, de la zona y preparados de
forma sencilla, mas que elaboraciones sofisticadas", dice la
futura hostelera.
El Ayuntamiento ve con esperanza proyectos como el impulsado por
la pareja Zaragozana, que inyecta vitalidad a un pueblo
castigado por la despoblación. |